I

 

Desperté con la piel

empapelada de palabras,

abrí el sobre que colgaba

de mi muslo

temblaron las yemas de mis dedos

al despegar la ironía y el cartel.

Turbada en mi discurso

apretado de rutina

no le puse nombre a la mañana,

me recogí en la abreviatura

de mis hombros

y empecé a leerme lentamente...

 

II

 

Provengo del renacimiento

por cinco siglos pincelada

reencarno

rostros sin sonrisas

me acosan semejanzas...

una ilusión de Botticelli.

Coleccionista de metáforas

cicatrizada en manantiales

irónica invisible

audaz en mis rarezas

Me pinto en este instante.

 

III

 

El arte me salvó

prestidigitador de instintos

redimió mi espanto

con su humor concupiscente.

Cascarón letal

azota mis raíces,

humecta los fantasmas

del sol contra mis huesos.

 

V

 

Goce peregrino

acóplame a tu pulso

reincide en está médula

andén de cisnes negros.

Fruición ilimitada

Deshazme de mis límites

Diseminándome la fuente.

 

VII

 

Asúmeme distinta

yerbabuena en tu pendiente

juega con mi bruma

toronjil que se bifurca

confúndete al unísono

multiplícame en tu hiedra

alborótame la esencia

de este cristal que se diluye

refúgiate en mi pelo

cobrizo en su espesura

asámbrame y prosigue

hasta que se disperse

mi fisura.

  

IX

 

Fe en tu malicia

bestiaje de garúas y entrañas

refugio de pactos lascivos

celada carnal.

Festín de sentencias

guarida o bramido

en la catarsis del juego.

 

X

 

Andantes

de otros siglos

se atraviesan en el verbo.

 

Palabra

turbulenta memoria

de los duendes.

 

XI

 

En epígrafes de libros

y en los espasmos de mi piel,

habitan los designios

de este ejercicio irreverente.

 

XIV

 

Dejé de escribir

con la exactitud del calendario

después de que me embalsamaran

sus textos

y me convirtiera en piramide.

Ahora lo sé

por sus olores mortales

signos de luto

que fermentan las tumbas...

mientras yo

transito invertida

con otra voz que me viene

de un fantasma dormido

momificado en crueldades.

 

Alegoría procaz

desacralizando el silencio

lapidando en mi boca

la festividad de su muerte

en la escritura de un dios

que no es el dios de los muertos.

 

XV

 

No oigo voces

ni silencios

sólo el espectáculo

de hacer el amor

con la Muerte.

 

 

 

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Juego de Sombras, Poesía de Maritza Cino

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